Cambiar el mat de yoga por una tabla de Stand Up Paddle (SUP), y hacer SUP Yoga, es una mezcla de sensaciones y emociones. Primero que nada, enfrentar el desafío de mantener el balance sobre una superficie inestable, el agua. Segundo, sentir el miedo a caer, pero ¡qué importa!, solo te vas a mojar. Tercero, entender que no puedes hacer las posturas de yoga igual a como las realizas sobre el piso.
Lo que no paro de enumerar son los aspectos que más me atraen de esta aventura: disfrutar el escenario, los sonidos naturales, las vistas, el esperado savasana al final de la sesión con las manos tocando el agua, el relajante movimiento del agua y practicar una de mis actividades favoritas al aire libre. Definitivamente, el SUP Yoga es una experiencia muy enriquecedora, ya sea que la viva como alumna o como profesora de yoga.
Conocí esta combinación de Yoga y SUP en Las Catalinas, Guanacaste, en el 2012. Desde ese momento me atrapó y creció mi interés por seguir practicándolo, dentro y fuera de Costa Rica. Hace varios años que tengo mi propia tabla, tomé un curso y me encanta dar estas clases, aunque eso no es nada frecuente porque implica viajar al menos 1 hora y media hasta la playa más cercana a San José donde se puede practicar en aguas calmas.
¡Si tienes la oportunidad de practicarlo, no lo dejes pasar!


