El regalo del bosque

Dispónte a descubrir el regalo del bosque. La naturaleza nos regala paisajes increíbles, vistas panorámicas que nos pueden dejar sin aliento, experiencias inolvidables, y sobre todas las cosas mucho bienestar cuando entramos en contacto con ella.

Es bien sabido que la inmersión en el bosque con todo nuestros sentidos en atención plena, a lo que los japoneses llaman “shinrin yoku” -que se traduce como “baño forestal”- reporta una serie de beneficios para nuestra salud mental, emocional y física. Vivir en Costa Rica nos da el privilegio de tener un bosque prácticamente a la vuelta de la esquina. Así que es bastante accesible convertir la visita al bosque en una actividad cotidiana, y sacar provecho de esta práctica saludable.

Si te preguntas: ¿cómo se vive eso del baño de bosque? Desde mi experiencia consiste en:

Escuchar el sonido del viento sacudiendo las hojas y ramas de los árboles. Escuchar mis pasos cuando camino sobre la hojarasca, y sentir en las plantas de los pies las diferentes superficies sobre las que me muevo. Apreciar la textura de los troncos de los árboles. Oler la tierra, las flores, el bosque. Encontrar belleza en cada rincón: un insecto colorido, unos hongos llamativos, una fruta deliciosa, un pájaro y su canto, un tronco caído lleno de vegetación, unas flores hermosas… Respirar profundo, contemplar, hacer pausas en medio de ese ambiente natural para apreciar todo, incluso cerrar los ojos para sentirme: la respiración, los latidos del corazón, la temperatura interna, las sensaciones en la piel.

La ciencia avala las bondades de esta terapia preventiva. Las bases fisiológicas y psicológicas de los efectos beneficiosos del bosque fueron descubiertas por un grupo de investigadores liderado por el antropólogo y fisiólogo japonés Yoshifumi Miyazaki.

El impacto positivo que tienen esas inmersiones en el bosque incluye: reducción de la presión arterial y del estrés, fortalecimiento del sistema inmunológico, y generación de hormonas de felicidad.

Otra buena noticia es, que en muchos casos, esta terapia libre de contraindicaciones la podemos recibir de manera gratuita o a un precio muy bajo. Lo que nos cueste llegar hasta el parque nacional más cercano o a la zona boscosa de nuestra preferencia. Mi preferida, y más cercana, son los Cerros de Escazú, a donde voy con bastante frecuencia porque me hace sentir muy bien.

Si no quieres ir sólo propónle a tus amigos o familiares visitar el bosque o únete a algún grupo organizado de montañistas.

Recientemente descubrí que en Costa Rica existe www.terapiadebosqueynaturaleza.com a cargo de Manuela Siegfried, una terapeuta certificada por la Association of Nature and Forest Therapy quien ofrece diversas actividades para que las personas se conecten íntima y profundamente con la naturaleza.

También hay un lugar mágico, muy cerca del Volcán Rincón de la Vieja, donde se brinda esta terapia https://www.sensoria.cr/forest-therapy.

¡Nos vemos en el bosque!

Viaje Interno

El Yoga es un viaje interno más que externo. En las redes sociales, especialmente en Instagram, encontramos publicaciones de profesores de yoga haciendo ásanas o posturas que se ven muy complejas, cosas que parecen de contorsionistas o de artistas del Cirque du Soleil. Eso no solo lo piensan personas que nunca han hecho yoga, o quienes si practican y se consideran poco flexibles. También otros profesores de yoga, me incluyo, las consideramos irrealizables, tomando en consideración la estructura única de cada cuerpo.

Esta es una realidad: no todas las personas pueden hacer todas las poses de yoga, y eso no los hace más o menos avanzados, porque el objetivo del yoga no es el ásana en sí mismo, sino el viaje interior que nos lleva a cada postura.

Los ásanas son la expresión externa del yoga, es el resultado de una serie de procesos que se van dando al interior del practicante. La respiración consciente, estar atento a los pensamientos que aparecen en la mente, a las emociones y sensaciones que se van sintiendo en el cuerpo, y la energía que se va transformando al interior cada vez que nos movemos hacia una postura, son los elementos más avanzados del yoga. Lo menos relevante es lo que vemos al exterior, la forma del cuerpo, la postura.

Este fin de semana tuve la oportunidad de asistir a un taller con una instructora de Ashtanga Yoga, Kino MacGregor, quien a lo largo de las distintas sesiones nos propuso experimentar ese viaje interno de auto conocimiento. Mediante la atención plena, momento a momento, nos invitó a observar hacia dentro: “qué siente tu cuerpo, qué pasa por tu mente, cuál es tu estado emocional y cómo está tu energía”. Ese fue el mantra que nos repitió y repitió a lo largo de cada clase. 

Fue un taller de movimiento consciente interesante e intenso. Te invito a que en tu próxima clase coloques el enfoque en ese viaje interno. Experimenta lo que se siente no perseguir objetivos externos, eso de hacer las posturas como las de las fotos, sino en mirarte a ti mismo, desde la perspectiva de un observador mientras te mueves en el mat.

¡Haz tu propio viaje en el mat!

Nutriendo mi práctica de yoga

Toca reinventarse

Reinventarse y seguir adelante

De vez en cuando toca reinventarse. Al respecto, me gusta la frase atribuida a Mahatma Ghandi que dice: “se el cambio que quieres ver en el mundo”, porque implica que cada quien tiene la responsabilidad de despertar lo mejor que tiene dentro y compartirlo con el resto para hacer más agradable las vidas de las personas a nuestro alrededor, y por supuesto, la nuestra.

A mí me tocó la primera reinvención, en el año 2006, cuando migré a Costa Rica. Vivía en Venezuela donde ejercí el periodismo por muchos años, y al mudarme pensé que podría emplearme en algún medio de comunicación local. Eso no era posible debido a mi estatus migratorio. Ante esa realidad, pasé de mente de empleado a emprendedor. Con el apoyo de mi esposo me asocié con un amigo y creamos la Revista Enespera, en la que laboré por más de 8 años ininterrumpidos.

En el 2007, incursioné en el Yoga como estudiante, practicando regularmente. Esta disciplina fue provocando una transformación personal, marcando positivamente todos los aspectos de mi vida: relaciones personales, manera de ver e interpretar el mundo, alimentación, estados de ánimo, auto imagen, confianza en mi misma, conciencia…

Convencida del bienestar que esta práctica puede impactar favorablemente las vidas de las personas si se realiza desde edades muy tempranas, un día decidí que quería prepararme para ser profesora de Yoga para niños. Y por causalidad, a los pocos días apareció en mis redes sociales el primer curso de mi siguiente reinvención. Con las incipientes herramientas recibidas de Karma Kids Yoga (agosto, 2013) comencé a impartir clases en la Fundación La Casa de los Niños, cada sábado por casi un año.

Al descubrir lo satisfactorio que resultaba llevar el yoga a los niños, lo probé con amigos y conocidos, y cada vez me resultaba más natural dar clases y más alegrías compartía con los alumnos. Continué invirtiendo en mi nueva carrera como Instructora de Yoga, certificándome en distintos métodos y tipos de clases. Así llegué al punto de dejar por completo el periodismo y asumí el Yoga a tiempo completo.

Los cambios positivos que yo experimenté los puedo ver en muchos alumnos. Las ganas de seguir aprendiendo en ambas direcciones, ellos de mí y yo de ellos, me mantiene en este camino. Amo lo que hago y comparto mi luz para que otros brillen con su propia luz.

La reinvención no es una moda, es una fuerza que nos obliga al auto conocimiento, a salir de la zona de confort y a tomar nuevos rumbos. Afortunadamente, a mí me ha traído hasta el Yoga.

¡Nos vemos en el mat!