Realmente conectados

Podemos estar realmente conectados siempre Son tiempos de distanciamiento social, en lo que respecta al contacto físico. Nada de encuentros casuales con amigos, ni reuniones familiares, y mucho menos conciertos, teatros, aglomeraciones de personas, o como dirían mis amigos argentinos nada de quilombos.

Es momento de conectarnos virtualmente, pero no de la manera como lo hacíamos antes de la pandemia actual, sino de estar realmente conectados, de manera consciente, pensando en los otros, compartiendo mensajes con sentido -ojalá para generar calma, dando o aportando algo por el bien de los demás, siendo empáticos, mostrándonos reales y vulnerables, mientras nos vamos adaptando a los cambios de nuestra vida y a fluir con lo que venga -como ya me referí a esto en una publicación anterior https://kariyogini.com/fluir/

En la comunidad de yoga y bienestar de la que formo parte, he visto ese movimiento esperanzador de promover el bien común. Se están dando clases de yoga gratuitas a diario, en vivo, como lo ha venido ofreciendo Krama Yoga, entre otros estudios de Costa Rica, y eso también ocurre en otros países. Se están brindando sesiones de meditación, de Yoga Nidra, rituales para soltar los miedos, entre otras herramientas asociadas con la práctica de Yoga. De esta manera se propicia el llamado a que la gente se quede en su casa, como la vía más solidaria para protegernos todos y detener los contagios del virus, y a la vez se les abren espacios de paz a quienes estén en sus hogares afrontando la cuarentena. Yo he estado meditando en pijamas cada noche antes de dormir, con @diana_bhakti, además de seguir dando y recibiendo clases de yoga y más.

Internet, las redes sociales, las aplicaciones de socialización que muchas veces se han utilizado de manera contraria al bien social, hoy se han convertido en grandes aliadas para esparcir buenas semillas, para que estemos realmente conectados.

A los proveedores de servicios de yoga y bienestar nos ha tocado montarnos en la ola de la tecnología, aprender a manejar aplicaciones o programas para poder impartir clases, para dar sesiones de terapia psicológica, para hacer coaching, para apoyar a quienes necesiten que le lancen un salvavidas, o regalarse un espacio de conexión interna. Hoy podemos usar la tecnología positiva y solidariamente.

Ya me inicié en eso de las clases en línea, con lo que ello implica: usar la cámara del celular, el micrófono-parlante, hacer pruebas previas del sonido, la imagen, la luz, la ubicación de la cámara y de mi cuerpo en el espacio… Y en vivo, corregir otros detalles. Poder ofrecer, ahora vía internet, lo que tanto me gusta hacer es un privilegio. Me siento agradecida y feliz, porque el debut fue con un par de amigas del alma, de esas amigas que se sienten como hermanas, y porque la clase fue una excelente manera de volver a sentirnos realmente conectadas.

Espero seguir aportando mi luz y buenas vibras por la causa común: despertar conciencias, que cada uno descubra su propia luz y compartan sus dones con los demás.

¡Namasté! ¡Y nos vemos en la pantalla!

Fluir

Cuando surge en mi vida el término fluir, la imagen que viene a mi mente suele estar asociada con la corriente de un río caudaloso o de una voluminosa cascada. Me genera en el cuerpo la sensación de dejarme llevar por el viento como una pluma o una hoja seca. Y me conduce a pensar en actuar, en no quedarme estancada, vacilante o en resistirme ante determinada situación.

Todos los días experimentamos cambios, algunos son casi imperceptibles y otros pueden representar un gran desafío. Sabemos que lo único que perdura con el paso del tiempo es el cambio, que nada es permanente, que estamos en constante evolución.

Vivir aferrado o apegado, y querer que todo siga igual es un camino directo al sufrimiento. Frente a los cambios, podemos elegir resistirnos y sufrir, o aceptarlos y fluir en armonía con el momento presente.

En el proceso de autoconocimiento y desarrollo espiritual se considera que la vida humana es un proceso de aprendizaje y evolución para aprender a ser felices. Por lo que la interpretación más conveniente para cada cosa que nos sucede es considerarla como necesaria para nuestro proceso pedagógico en el arte de vivir.

Las etiquetas que les colocamos a las situaciones de nuestra vida como “buenas” o “malas”, agradables” o “desagradables”, “correctas” o “incorrectas”, es la manera subjetiva como filtramos la realidad. Y a través de esas interpretaciones que hacemos nos generamos sufrimiento y limitaciones, o armonía y paz interior.  Como afirmó el filósofo griego Epícteto: “No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nos decimos sobre estas cosas”.

La actitud de adaptarnos a los cambios, que llamamos fluir, y decidir, más allá de las etiquetas, que todo lo que ocurre es neutro, y sucede porque es necesario para nuestro proceso de aprendizaje y evolución, es actuar con sabiduría.

Si en algún momento caemos en la negatividad, viendo los cambios como problemas y no como oportunidades, apliquemos la atención plena. Observemos los pensamientos sin identificarnos con ellos, tomando conciencia de cada uno y sustituyéndolos  por pensamientos que, en lugar de envenenar nuestro corazón y organismo con emociones y sustancias tóxicas, nos hagan sentir agradecidos, afortunados y maravillados por lo que nos ha ocurrido a lo largo de nuestra vida.

Sea lo que sea que estemos viviendo en este momento, nos toca continuar avanzando, superando obstáculos, tomando desvíos, o eligiendo caminos nuevos con aceptación y serenidad. “No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea más bien que se produzcan tal como se producen y serás más feliz”. (Epícteto).

Les recomiendo leer sobre la “Aceptología“, término desarrollado por el filósofo colombiano Gerardo Schmedling.

¡A fluir!

Fluir

Toca reinventarse

Reinventarse y seguir adelante

De vez en cuando toca reinventarse. Al respecto, me gusta la frase atribuida a Mahatma Ghandi que dice: “se el cambio que quieres ver en el mundo”, porque implica que cada quien tiene la responsabilidad de despertar lo mejor que tiene dentro y compartirlo con el resto para hacer más agradable las vidas de las personas a nuestro alrededor, y por supuesto, la nuestra.

A mí me tocó la primera reinvención, en el año 2006, cuando migré a Costa Rica. Vivía en Venezuela donde ejercí el periodismo por muchos años, y al mudarme pensé que podría emplearme en algún medio de comunicación local. Eso no era posible debido a mi estatus migratorio. Ante esa realidad, pasé de mente de empleado a emprendedor. Con el apoyo de mi esposo me asocié con un amigo y creamos la Revista Enespera, en la que laboré por más de 8 años ininterrumpidos.

En el 2007, incursioné en el Yoga como estudiante, practicando regularmente. Esta disciplina fue provocando una transformación personal, marcando positivamente todos los aspectos de mi vida: relaciones personales, manera de ver e interpretar el mundo, alimentación, estados de ánimo, auto imagen, confianza en mi misma, conciencia…

Convencida del bienestar que esta práctica puede impactar favorablemente las vidas de las personas si se realiza desde edades muy tempranas, un día decidí que quería prepararme para ser profesora de Yoga para niños. Y por causalidad, a los pocos días apareció en mis redes sociales el primer curso de mi siguiente reinvención. Con las incipientes herramientas recibidas de Karma Kids Yoga (agosto, 2013) comencé a impartir clases en la Fundación La Casa de los Niños, cada sábado por casi un año.

Al descubrir lo satisfactorio que resultaba llevar el yoga a los niños, lo probé con amigos y conocidos, y cada vez me resultaba más natural dar clases y más alegrías compartía con los alumnos. Continué invirtiendo en mi nueva carrera como Instructora de Yoga, certificándome en distintos métodos y tipos de clases. Así llegué al punto de dejar por completo el periodismo y asumí el Yoga a tiempo completo.

Los cambios positivos que yo experimenté los puedo ver en muchos alumnos. Las ganas de seguir aprendiendo en ambas direcciones, ellos de mí y yo de ellos, me mantiene en este camino. Amo lo que hago y comparto mi luz para que otros brillen con su propia luz.

La reinvención no es una moda, es una fuerza que nos obliga al auto conocimiento, a salir de la zona de confort y a tomar nuevos rumbos. Afortunadamente, a mí me ha traído hasta el Yoga.

¡Nos vemos en el mat!