Son días de estar con nosotros mismos, en nuestras casas, prácticamente sin salir, apenas para lo básico, ir a comprar alimentos, y si es necesario, un medicamento. Yo he encontrado algo hermoso en esta situación: personas que están compartiendo -algunas sólo por el gusto de crear bienestar en otros- sus herramientas o sus prácticas habituales que les permiten ir hacia dentro, conocerse, crear calma interna y sacar lo mejor de sí mismos. Gracias a ellos, yo paso los días de aislamiento físico practicando el arte de no hacer para que lo mejor se haga en mí, el Chi Kung o QiGong.
Desde La Montaña Azul, con Sifu Rama y Sifu Simón, y su programa abierto a principiantes, he comenzado a familiarizarme con este arte, una práctica milenaria de movimiento del chi, energía interna o vital, para equilibrar mente y cuerpo. A lo que se suman las sesiones diarias de María Hon, discípula de Sifu Rama, quien durante la semana regala unos minutos de Chi Kung contagiando su alegría y buena energía, “tijoneando desde casa”.
Yo siento el Qigong muy afín con el Yoga, que es mi estilo de vida. Por citar un ejemplo, la postura que para algunos puede ser la más difícil en Chi Kung, el “Wu Ji” (pronunciado Wu Chi), que implica estar en un estado de quietud, me resulta muy similar a lo que ocurre con las posturas de meditación, con la que se inicia cada clase de Yoga, y la de savasana con la que se finalizan las sesiones.
En el Wuji uno se encuentra correctamente alineado, internamente relajado y conectado con los poderes del cielo y la tierra. Externamente quieto y a partir de allí, recorriendo el cuerpo para eliminar las tensiones acumuladas en los músculos. Al igual, sucede en esas ásanas de yoga que conllevan la no acción, y que a muchos practicantes se les hacen retadoras porque les cuesta pausar y pasar a un estado meditativo más profundo.
Por qué es tan complejo quedarnos en quietud. Parece que nos encanta llenarnos de quehaceres, tener el tiempo copado de asuntos por atender, entretenernos con lo que pasa fuera, y evitamos entrar en nuestro espacio interior. ¿Qué nos asusta, por qué nos resistimos a pausar, qué queremos evitar sentir…? Ahora, en medio de la pandemia, casi tenemos la obligación, además de la gran oportunidad, de practicar “el arte de no hacer para Ser”, como dicen los maestros de La Montaña Azul.
Porque si únicamente vivimos para hacer nos alejamos de nuestra esencia, nos perdemos de nosotros mismos y de lo que somos, y por eso es que ante tantos cambios e incertidumbre, entramos en un estado de mucho estrés, nos ataca la angustia, la desesperación, la desesperanza, nos imbuimos en la crisis colectiva, y dejamos de disfrutar la vida tal y como es.
Entonces, qué es lo que más necesitamos en estos momentos para no sucumbir y vivir con miedo, definitivamente dedicar más tiempo al Wu Ji. Que describen como un estado de no-acción. Esto no significa que estés sin hacer nada. Significa que no estás actuante, sino que abras las puertas de la percepción y del Ser. Wu Ji se traduce “sin forma” o “vacío”. El concepto Wu ji se refiere al estado inicial del universo, antes de la formación de la materia y del surgimiento del Yin/Yang- la dualidad, los opuestos. En relación al Qigong y las artes marciales chinas se refiere al momento anterior al movimiento, en ese instante en que mente y cuerpo se vacían para conectar con la sensación interior.
Al respecto, Sifu Rama afirmó, en una de las conversaciones del programa de abril 2020, de La Montaña Azul, que uno de los portales para despertar y reencontrarnos con nuestro Ser (conciencia, espíritu, energía infinita, esencia, verdadero Yo) es enfocar la atención al vacío, al silencio, a la sensación de simplemente existir. Esto ocurre posterior al Wu Ji, y es lo que llaman “Wu Wei”.
Éste también se conoce como el “arte de la no acción”. El Wu Wei nos invita a estar en el mundo sin forzarlo, comprendiendo el fluir natural de las cosas y las leyes naturales, sin tratar de modificar lo que está sucediendo. Lo que en Yoga es llegar al Nirvana, un estado donde se extingue el ego y somos pura conciencia, donde el ser se une con la divinidad infinita alcanzando la felicidad más absoluta, libre de sufrimientos y deseos. Para lo cual se requieren muchos años de práctica constante, disfrutando cada momento y sin apegarse a conseguir ningún objetivo.
“Wu wei es el no hacer para ser. El dejar de hacer para que el ser se manifieste. Es no acción desde el ego. Esa es la joya de la corona”, aseguró Sifu Rama.
Practicando el Qi Gong, el Wu Ji y el Wu Wei, ese arte de no hacer, podremos vivir desde el amor que es abundancia, desde la libertad que nos permite soltar el miedo a vivir y a morir, nos conectaremos con nuestra esencia, con lo que realmente somos. De esta manera, contribuiremos a conformar una nueva humanidad basada en la cultura del Ser y del Servir. Y por supuesto, con seres que apliquen a lo largo de sus vidas las otras tres “S” de la filosofía de La Montaña Azul: “Sentir, Soltar y Sonreír”.
¡Nos vemos en el vacío!


