Fluir

Cuando surge en mi vida el término fluir, la imagen que viene a mi mente suele estar asociada con la corriente de un río caudaloso o de una voluminosa cascada. Me genera en el cuerpo la sensación de dejarme llevar por el viento como una pluma o una hoja seca. Y me conduce a pensar en actuar, en no quedarme estancada, vacilante o en resistirme ante determinada situación.

Todos los días experimentamos cambios, algunos son casi imperceptibles y otros pueden representar un gran desafío. Sabemos que lo único que perdura con el paso del tiempo es el cambio, que nada es permanente, que estamos en constante evolución.

Vivir aferrado o apegado, y querer que todo siga igual es un camino directo al sufrimiento. Frente a los cambios, podemos elegir resistirnos y sufrir, o aceptarlos y fluir en armonía con el momento presente.

En el proceso de autoconocimiento y desarrollo espiritual se considera que la vida humana es un proceso de aprendizaje y evolución para aprender a ser felices. Por lo que la interpretación más conveniente para cada cosa que nos sucede es considerarla como necesaria para nuestro proceso pedagógico en el arte de vivir.

Las etiquetas que les colocamos a las situaciones de nuestra vida como “buenas” o “malas”, agradables” o “desagradables”, “correctas” o “incorrectas”, es la manera subjetiva como filtramos la realidad. Y a través de esas interpretaciones que hacemos nos generamos sufrimiento y limitaciones, o armonía y paz interior.  Como afirmó el filósofo griego Epícteto: “No son las cosas que nos pasan las que nos hacen sufrir, sino lo que nos decimos sobre estas cosas”.

La actitud de adaptarnos a los cambios, que llamamos fluir, y decidir, más allá de las etiquetas, que todo lo que ocurre es neutro, y sucede porque es necesario para nuestro proceso de aprendizaje y evolución, es actuar con sabiduría.

Si en algún momento caemos en la negatividad, viendo los cambios como problemas y no como oportunidades, apliquemos la atención plena. Observemos los pensamientos sin identificarnos con ellos, tomando conciencia de cada uno y sustituyéndolos  por pensamientos que, en lugar de envenenar nuestro corazón y organismo con emociones y sustancias tóxicas, nos hagan sentir agradecidos, afortunados y maravillados por lo que nos ha ocurrido a lo largo de nuestra vida.

Sea lo que sea que estemos viviendo en este momento, nos toca continuar avanzando, superando obstáculos, tomando desvíos, o eligiendo caminos nuevos con aceptación y serenidad. “No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres. Desea más bien que se produzcan tal como se producen y serás más feliz”. (Epícteto).

Les recomiendo leer sobre la “Aceptología“, término desarrollado por el filósofo colombiano Gerardo Schmedling.

¡A fluir!

Fluir