
De vez en cuando toca reinventarse. Al respecto, me gusta la frase atribuida a Mahatma Ghandi que dice: “se el cambio que quieres ver en el mundo”, porque implica que cada quien tiene la responsabilidad de despertar lo mejor que tiene dentro y compartirlo con el resto para hacer más agradable las vidas de las personas a nuestro alrededor, y por supuesto, la nuestra.
A mí me tocó la primera reinvención, en el año 2006, cuando migré a Costa Rica. Vivía en Venezuela donde ejercí el periodismo por muchos años, y al mudarme pensé que podría emplearme en algún medio de comunicación local. Eso no era posible debido a mi estatus migratorio. Ante esa realidad, pasé de mente de empleado a emprendedor. Con el apoyo de mi esposo me asocié con un amigo y creamos la Revista Enespera, en la que laboré por más de 8 años ininterrumpidos.
En el 2007, incursioné en el Yoga como estudiante, practicando regularmente. Esta disciplina fue provocando una transformación personal, marcando positivamente todos los aspectos de mi vida: relaciones personales, manera de ver e interpretar el mundo, alimentación, estados de ánimo, auto imagen, confianza en mi misma, conciencia…
Convencida del bienestar que esta práctica puede impactar favorablemente las vidas de las personas si se realiza desde edades muy tempranas, un día decidí que quería prepararme para ser profesora de Yoga para niños. Y por causalidad, a los pocos días apareció en mis redes sociales el primer curso de mi siguiente reinvención. Con las incipientes herramientas recibidas de Karma Kids Yoga (agosto, 2013) comencé a impartir clases en la Fundación La Casa de los Niños, cada sábado por casi un año.
Al descubrir lo satisfactorio que resultaba llevar el yoga a los niños, lo probé con amigos y conocidos, y cada vez me resultaba más natural dar clases y más alegrías compartía con los alumnos. Continué invirtiendo en mi nueva carrera como Instructora de Yoga, certificándome en distintos métodos y tipos de clases. Así llegué al punto de dejar por completo el periodismo y asumí el Yoga a tiempo completo.
Los cambios positivos que yo experimenté los puedo ver en muchos alumnos. Las ganas de seguir aprendiendo en ambas direcciones, ellos de mí y yo de ellos, me mantiene en este camino. Amo lo que hago y comparto mi luz para que otros brillen con su propia luz.
La reinvención no es una moda, es una fuerza que nos obliga al auto conocimiento, a salir de la zona de confort y a tomar nuevos rumbos. Afortunadamente, a mí me ha traído hasta el Yoga.
¡Nos vemos en el mat!


